El otro día estuvimos recordando cuando había dos cadenas de televisión únicamente... qué tiempos. Eran unos tiempos muy duros, no había crisis pero tampoco teníamos dinero para copas de yogur de chocolate y nata, ropas de marca, libros de texto de primera mano, tartas y bollos en días que no fueran cumpleaños, y evidentemente, no teníamos dinero para tener un vídeo. Vamos, que cuando le dijimos a mi padre de comprar un vídeo el contestó con toda seguridad: "vale, así nos llevamos la tele al pueblo".

En mi casa teníamos gustos muy dispares. Mientras en la sobremesa de no se que día de la semana mi hermana deseaba con todo su candor ver La casa de la pradera en la 1, mi hermano destilaba violencia mientras exigía ver La Masa en la 2, y yo ahí en medio, acojonada por si ganaba mi hermano rezaba porque mis padres se chinaran y apagaran la tele. Cuando ganaba mi hermano yo me piraba disimuladamente como si fuera al baño y me escondía en el pasillo... cuando el increíble Hulk entraba en trance y empezaba la transformación yo me cagaba encima pero no podía dejar de asomar la cabeza por la puerta del salón para ver como le estallaba toda la ropa y se ponía verdako. No sé por qué narices no podía dejar de mirar si luego tenía pesadillas, pero no podía evitarlo. Es algo que nunca entenderé. Aún hoy en día sigo buscando en el cine películas de miedo sabiendo que luego me giñaré en la cama imaginándome que alguien me coge el pie por debajo de la sábana como en Paranormal Activity....

Imagino que no podemos evitar de mirar aquello que nos produce sensaciones, sentimientos... sean buenos o malos. El otro día vi a las 7 de la mañana, mientras me tomaba mi glorioso Cola cao con galletas, como apaleaban al Gadafy hasta cargárselo... hubiera agradecido que esas imágenes estuvieran censuradas pero no fue así. Luego al comentarlo en el trabajo la gente decía: "pero qué se veía, qué?! " deseando que les narraras como le caía la sangre y como su cara de gili devolvía cada ostión. Pero lo más gracioso es que luego vamos de puritanos y si en un programa de televisión hacen un espectáculo de magia y simulan que le cortan la cabeza a Dani Martín (el del Canto del loco) la peña crea un trend topic del tema porque le parece una salvajada jugar con la ternura e inocencia de sus fans. Nos parece mucho mejor ver en la tele las asquerosas andanzas en carne viva de los colaboradores del Sálvame, mucho mas educativo que un truco de magia sin más... ¿por qué nos molará tanto el morbo? ¿por qué cuando queremos somos mas finos que el pellejo de una mierda? ¿por qué esa doble moral? me pregunto yo.


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Una entrada más de los millones que hay ahora en internet sobre este tipo, del cual yo no sabía absolutamente nada.
Ahora me encuentro con que en un par de días piloto sus inventos cronológicamente, su religión y los hijos que ha tenido antes y después del matrimonio, ilegítimos y no, las razones de sus padres para darlo en adopción, el dinero que dió a causas benéficas y el año en que fue despedido de Apple Computer para 12 años después volver a entrar como director ejecutivo.

En la televisión, internet y periódicos no hacen mas que preguntarnos movidas sobre los visionarios, si nosotros hemos sido visionarios en algo (sí, en la expulsión de Maria Jose Galera en la primera edición de GH), en qué ha cambiado este señor nuestras vidas, si lo consideramos más o menos importante que Einstein... perdonénme, para mi, el gran visionario de este tiempo es John de Mol... y ya sabéis por qué.

He de reconocer, aun a costa de que muchos me critiquen (siento defraudarte Elena Q.), que este tio no ha aportado nada a mi vida. Aún hoy en día cuando mis amigos se ponen a hablar de i-pods, i-phones, i-books e i-pads tengo que hacer un alto en la conversación y sacar mi i-libreta para apuntar qué es cada cosa y qué diferencias tienen. Yo estoy muy orgullosa de ser una inculta. Creo que la mejor herramienta que se incluyó en el móvil fue el espejo, ahí llegó la revolución.
Yo no quiero tener 1.000 canciones en mi aparato de música, que nunca me da tiempo a escucharlas todas. C
on una cinta de dos caras con 12 me valía, aunque agradezco la reducción de peso, ir con el walkman era una carga. Paso de ir con ninguna tableta que no sea de chocolate a ningún lao, para qué? para jugar al tetris?. Yo paso.

Pero si yo soy nula para las tecnologías, más lo es cierto miembro de mi familia cuyo nombre no quiero dar, que cuando se compró sus primeros cascos para el mp4 fue a la tienda a decir que se los habían dado mal de fábrica porque uno de los cables era mucho mas largo que el otro. El señor dependiente debió de ser muy simpático con ella mientras le explicaba que el largo era pasárselo por detrás del cuello... claro, eso no lo pone en las instrucciones. El otro día se compró un Smartphone y cuando me puse a ver como iba eso me dijo que esperara, que antes tenía que enceder el módem... es por eso que el otro día estando en el metro y viendo su mail pensó "mierda, me he dejado el módem encendido en casa"... Y es que la tecnología, por mucho que flipe a unos cuantos, a otros nos la suda.

Sí he de reconocer que estéticamente el tio se lo ha currado, el color rosa fuxia que usa es muy elegante a la par que sencillo. La verdad es que son pijadas que molan. Cuando vi el smarphone de mi familiar, cuyo nombre no quiero dar, me flipé al hacer grande el texto de mi olvidado blog, y me dije: "yo quiero uno", pero ¿para qué?. Estoy 6 horas al día pegada a un ordenador y cuando llego a casa no lo quiero ni ver, no tengo twiter ni lo quiero, el exceso de información me estresa, cuando necesito saber si la canción de "Todo tiene su fin" es de Tijeritas, La Húngara, El Barrio o Medina Azahara, puedo esperar hasta llegar a casa y mirarlo en internet tranquilamente... claro que a mi tampoco me ha aportado nada Einstein, porque su teoría no la entiendo, y para cuando la entienda, lo mismo ya está absoleta y lo que se llevan son los neutrinos...


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