Cuando llegamos nos encontramos un embotellamiento de mucho cuidado en pleno centro. Rodeados de autobuses, fallas y cochazos varios empezamos a ver desfilar a pivas con trajes abombados brillantes y típicas ensaimadas incrustadas en el cuero cabelludo haciendo un enorme cola mientras alegres portan diversos ramos de flores (150 euros la ofrenda floral a la virgen si no eres fallero)… las orquestas ocupan las calles tocando los simpáticos trombones y bombos con sus rítmicas melodías consiguiendo reventarte los sesos mientras empiezas a arrepentirte tu decisión.
Esa misma noche tocaba la nit del foc… o noche del fuego para el que no sepa valenciano, (que yo pensaba que era un dialecto cutre que solo existía para que se pudieran hacer los importantes pero que en realidad lo hablan y lo escriben y todo). Yo, que tenía como referencia los fuegos artificiales de Aluche me quedé un poco con la boca abierta y el cuello dislocado después de media hora de escándalo. Ya no es lo que hacen ese rato, es que toda la ciudad se mimetiza con la temática: los niños antes de aprender a andar saben encender un mechero y tirar petardos a los turistas asustadizas, los padres monopolizan el encendido de las mejores piezas, y los adolescentes se dedican a lanzar unos petardos “borrachos” que les llaman, de bastante velocidad y envergadura, cuya aleatoria trayectoria conseguía que la peña que se cruzaba en su camino se tapara los ojos y llorara: “¡¡me ha dado, me ha dado!!”. La fiesta es más bien una venganza contra el que no es de la tierra, o como dijo el Apa: “esto parece Vietnam”, sobretodo después de saber que uno se dedicó a mirar el funcionamiento de un cohete mientras lo encendía y que le estalló en toda la cara… Irak en sus mejores tiempos.
El ritmo de escándalo, ruido, cachondeo, peña por las calles y demás no para nunca, son 19 días seguidos de locura. Pero para no dejarlo como algo salvaje y nada mas, las calles de Valencia se acompañan de las famosas fallas (900.000 euros la ganadora) que adornan cada cruce, cada plaza y cada rincón de cualquier barrio obrero o de chaletes que haya. Es la parte bonita de la fiesta, la parte tierna, delicada, original, creativa, colorida… así que mejor las quemamos.
La cremá o quemá de las fallas se hace el 19 de marzo por la noche (aquí llegas un poco ciego tras el petardo borracho que te alcanzó, sordo tras la mascletá del mediodía en la plaza del Ayuntamiento y cojo de los pisotones que te han dado después de horas de estar de pié). Nosotros fuimos a una que nos gustó mucho que quedó la cuarta…se suponía que las quemaban todas a las 12 y la del Ayuntamiento a la 1:00 AM. ¡¡Mentira!! No tienen coches de bomberos para todas (y en esto si controlan la prevención de riesgos festivales) así que se queman una tras otra.
Cuando empezó todo el proceso alucinamos de verdad, y cuado el calor empezó a quemarnos las pestañas no te quiero contar. Nunca había visto una cosa tan grande arder así, teníamos que retroceder ante el monstruo de fuego porque nos quemaba la piel, pero ahí nadie soltaba la cámara de fotos… moriremos quemados, pero con nuestras cámaras nunca se velarán los carretes!!